Se firma la Declaración de Nebraska sobre Agricultura de Conservación

June 13, 2013

Tras meses de diálogos y debates sobre la evidencia científica de la agricultura de conservación (AC) para los pequeños agricultores de bajos recursos en el África subsahariana y el sur de Asia, un grupo de 40 científicos lograron un consenso respecto a las metas de la AC y la investigación necesaria para alcanzarlas. Las discusiones que dieron como resultado la firma de la Declaración de Nebraska sobre Agricultura de Conservación, el día 5 de junio de 2013, comenzaron durante un taller titulado “Agricultura de Conservación: ¿Qué papel tiene en el logro de resultados dentro del sistema del CGIAR?”, organizado por el Consejo Independiente de Ciencias y Alianzas del CGIAR (ISPC), en la Universidad de Nebraska, Lincoln, Estados Unidos, del 15 al 18 de octubre de 2012. Varios científicos del CIMMYT participaron en el taller y contribuyeron a la elaboración de los preliminares de la Declaración. “No todos los participantes estaban de acuerdo en firmar. Era algo que iba demasiado lejos para algunos puristas de la agricultura de conservación; y no lo bastante lejos para otros. Esto es lo que suele ocurrir cuando se busca un consenso entre 50 científicos y expertos”, comenta Bruno Gerard, director del Programa Global de Agricultura de Conservación, al referirse a un interesante reporte sobre el tema: ‘Conservation agriculture and smallholder farming in Africa: The heretics’ view’, por Giller et al. (2009).

Conforme a la Declaración, muchas de las iniciativas que se han emprendido hasta ahora en los países en desarrollo han promovido la agricultura de conservación como un paquete de tres prácticas: remoción mínima del suelo, retención de cantidades suficientes de rastrojo o residuos y prácticas de diversificación. Sin embargo, en la realidad se observan algunos factores limitantes, en el sentido estricto de la definición, ya que existen pocas pruebas de la adopción generalizada de dicha tecnología en África subsahariana y en el sur de Asia, aunque sí las hay de la adopción de uno o dos de sus componentes. Para que tenga un papel significativo en los sistemas de producción agrícola donde la productividad es baja y los agricultores carecen de recursos, habrá que ampliar la gama de actividades, más allá de solo las tres principales prácticas. Tiene que ponerse énfasis en la agronomía de diagnóstico y la investigación participativa en finca, para identificar los problemas que enfrentan los agricultores y guiarlos para que puedan encontrar soluciones. Dado que existe una serie de buenas razones, desde el punto de vista agronómico, económico y/o social, para decidir no adoptar los tres componentes del paquete de la AC, es necesario evaluar de manera sistemática la conveniencia y la viabilidad de las opciones y prácticas de manejo, teniendo en cuenta al mismo tiempo los objetivos y las dificultades que tienen los agricultores en su entorno —se destaca en la Declaración de Nebraska.

Es necesario realizar investigación rigurosa y coordinada para evaluar y entender mejor el proceso de adopción de la AC. A menos que se conozcan las razones que los agricultores aducen para adoptar o no una cierta práctica, es poco probable que se alcance una adopción a mayor escala.

“Creo que la Declaración es útil porque los principios de la agricultura de conservación deben ser vistos como una vía hacia la intensificación sustentable y no como un fin en sí mismo”, comenta Gerard. “La Declaración concuerda con las iniciativas en curso de los Programas de Socioeconomía y Global de Agricultura de Conservación, destinadas a colocar a la agricultura de conservación en un contexto más amplio, y entender mejor los factores limitantes de tanto de las posibilidades como de la adopción misma, que son específicas a cada agroecología, sitio y terreno. Además, destaca la importancia de la investigación sobre los sistemas de producción para integrar el trabajo agronómico a nivel de campo dentro de una marco multiescalar y multidisciplinario.”

En el CIMMYT se establecerá un sistema de evaluación, cuyo propósito es reducir de manera sustancial la subjetividad, aumentar la imparcialidad, garantizar la equidad interna y hacer comparaciones más precisas de compensaciones en el mercado. En este ejercicio están incluidos todos los puestos de los empleados que trabajan en todas las oficinas del CIMMYT.

El Director General designó un Comité de Evaluación de Empleos (CEE) para llevar a cabo este ejercicio. El comité está formado por miembros de la plantilla del CIMMYT que fungirán como representantes de funciones y localidades importantes del centro: Kevin Pixley, Nellooli P. Rajasekharan, Javier Peña, Sarah Hearne, Jenny Nelson, Karim Ammar, Mulugetta Mekuria, Félix San Vicente García, Marisa de la O, Chloe Konig y Pooja Sharma, que contarán con la asesoría de Towers Watson, una reconocida empresa de servicios profesionales a escala global. El CEE emitirá recomendaciones a la Dirección General, que tomará la decisión final. Como primer paso, el CEE hará una revisión de todas las descripciones de puesto y se asegurará de que se apeguen a las actividades que el empleado realiza; en caso necesario, se consultará con los supervisores.

El CEE tuvo su primera junta el 20 de mayo de 2013 y espera concluir su encomienda en septiembre. Recursos Humanos informará regularmente de los progresos que vaya haciendo el comité.